La fábrica de PSA Peugeot Citroën de Chartres de Bretagne (Rennes) mide tanto como 300 campos de fútbol (2,5 millones de metros) y emplea a 7.500 obreros. En el 2006 eran 13.000. A final de año quedarán 6.000, y los que conserven el puesto no cobrarán el 100% del sueldo los dÃas de paro técnico -en marzo y abril solo trabajarán de mañana y tres dÃas a la semana-.
Es la fábrica de las gamas altas (Citroën C5 y C6 y Peugeot 407). Hace menos de un año, cuando Vigo echaba por fuera, se hizo con la fabricación del Xsara Picasso, que tendrá que devolver a partir de abril para asumir otra cola de producción, la del Peugeot 607, del que tan solo harán 6 unidades al dÃa.
Lo que ocurre en Rennes se repite en Mulhouse, Sochaux o cualquier otra planta francesa, desde donde la factorÃa hermana de Vigo se ve como una amenaza. «Nadie quiere que cierren las fábricas de fuera de Francia, lo que nos preocupa es que no compitan con nosotros en igualdad de condiciones», afirma Michael Bordeau, delegado de la CGT en la planta de Rennes.
La diferencia salarial juega en su contra. Un operario se lleva entre 1.600 y 1.700 euros al mes sin extras. En Vigo, el salario base ronda los 1.100 euros. «Todos tenemos que subir al mismo nivel, pero España hace competencia desleal. Ser obrero en Rennes o en Vigo deberÃa ser igual», afirma Bordeau.
Rennes fabricó el año pasado 150.000 coches con 8.000 obreros. Vigo, 440.000 con idéntica plantilla. PSA ha advertido que su ratio en el 2009 será de 3.000 trabajadores por cada 125.000 unidades. Las cuentas hacen temblar a los franceses. No quieren ser como Vigo. «Allà las condiciones no son buenas, tienen cargas de trabajo muy fuertes», dicen.