Las economÃas emergentes ejercieron una flamante influencia en la cumbre sobre la crisis financiera internacional que se desarrolló el fin de semana en Washington.
PaÃses como Argentina, Brasil, México, China, India e Indonesia no solamente ganaron una ubicación clave en un foro de decisión global antes reservado a unas pocas naciones industrializadas, sino que también lograron concesiones de los paÃses más ricos en el esfuerzo global por capear la crisis general.
“Me voy de Washington muy contento porque la estructura geopolÃtica del mundo tiene una nueva dimensión”, declaró a la prensa el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva.
“Los paÃses en desarrollo deben participar en la solución a una crisis financiera mundial”, añadió.
Precisamente Brasil ocupa el liderazgo rotativo del G20, que incluye al grupo de los siete paÃses más industrializados (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Japón e Italia) más la Unión Europea (UE) como bloque e importantes paÃses emergentes: Argentina, Arabia Saudita, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, Mexico, Rusia, Sudáfrica y TurquÃa.
El presidente estadounidense saliente, George W. Bush, podrÃa haber recurrido a lo habitual para enfrentar la crisis iniciada en Estados Unidos: la tradicional reunión del G8 (los paÃses del G7 más Rusia). Sin embargo, apeló a una reunión más amplia, que incluyera a las naciones emergentes.
“La primera decisión que tuve que tomar fue decidir quién vendrÃa a la reunión. Y obviamente decidà que tenÃamos que tener a las naciones del G20, en oposición del G8 o el G13″, dijo Bush tras la reunión.
Además de darle más influencia a las economÃas emergentes, los lÃderes acordaron impulsar el gasto gubernamental para contener el declive económico, avanzar hacia un acuerdo comercial que evite el proteccionismo y reformar las instituciones financieras internacionales y las reglamentaciones financieras.
Una razón obvia para convocar a los paÃses en desarrollo es que serán precisamente ellos los únicos que crecerán en 2009, mientras Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones desarrolladas caen en la recesión, según la mayorÃa de los pronósticos.
El presidente chino, Hu Jintao, destacó ese aspecto, al afirmar: “El crecimiento sostenido y relativamente rápido en China es por sà mismo una importante contribución a la estabilidad financiera internacional y el crecimiento económico mundial”.
También el primer ministro indio, Manmohan Singh, dijo esperar que su paÃs mantenga un fuerte ritmo de crecimiento en los próximos años, aunque manifestó su preocupación sobre el futuro para muchos paÃses emergentes que, dijo, podrÃan recibir el impacto de la crisis.
“Los mercados emergentes no fueron la causa de la crisis, pero están entre los que pueden ser más afectados”, dijo Singh.
La reunión también propuso la necesidad de ayudar a las naciones en desarrollo a acceder al crédito, en estos momentos de difÃciles condiciones para ello, y de reformar a las instituciones financieras internacionales para darle a esos paÃses una mayor representación y poder de decisión.
“Espero que la cumbre del G20 será el punto de partida de un proceso que llevará a la reforma de la arquitectura financiera internacional para que refleje las realidades del siglo XXI”, dijo el presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono.
Por su parte, el presidente mexicano, Felipe Calderón, reclamó una reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que los paÃses emergentes reciban el crédito necesario para capear el temporal.
“Algunos paÃses en desarrollo simplemente no pueden esperar meses, mucho menos años, para obtener créditos”, dijo.
Pero las naciones industrializadas también recordaron a sus colegas emergentes que tienen un papel que cumplir en abrir sus economÃas para alcanzar un acuerdo exitoso en el marco de la ronda comercial de Doha.
“Es un paso positivo que los lÃderes de las economÃas desarrolladas ahora se reúnan con los lÃderes de los poderes económicos crecientes, pero los paÃses más pobres no deberÃan ser olvidados”, advirtió el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.