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París bien vale un automóvil

 

11/02/2009
By regis

Así que se extiende. El proteccionismo está aumentando –incluso dentro de la UE, que proclama las virtudes de un mercado único–.

La decisión de Francia de apoyar a Renault y Peugeot-Citroën con un crédito de 6.000 millones de euros marca una nueva etapa en la ya caliente carrera de subvenciones a los fabricantes de coches. La industria del automóvil, sin embargo, no merece un trato especial.

Los fabricantes de coches están sufriendo una terrible recesión. Las ventas europeas de automóviles han caído un 24% en el último año. Y si tener que hacer frente a una recesión no fuera ya lo suficientemente malo, los fabricantes tienen que acometer cambios estructurales significativos en sus empresas. Incluso pese a haber reducido su producción, la industria automovilística aún fabrica demasiados coches.

La crisis crediticia ha provocado que los fabricantes de coches hanyan necesitado créditos de los gobiernos y garantías estatales sobre el préstamo privado. Estas son políticas justificables para abordar la falta de crédito y conseguir que éste siga fluyendo. Pero estos préstamos deben entregarse bajo términos comerciales, no políticos.

Los créditos deben entregarse sabiendo que los despidos y recortes son inevitables en el sector. Esto no ha sucedido en Francia. De hecho, han obtenido la ayuda a cambio de la promesa de no llevar a cabo despidos obligatorios en sus plantas de Francia –al menos en 2009–.

Nicolas Sarkozy, el presidente de Francia, pretende garantizar que la consolidación de los fabricantes franceses no genera ninguna pérdida de empleo en Francia. De hecho, la semana pasada Sarkozy pidió a Peugeot-Citroën que cerrase sus fábricas en la República Checa y Eslovaquia. Seamos claros: esto se llama proteccionismo. Como han advertido los checos, esto daña el mercado único. Puede provocar un contraataque.

Resulta decepcionante que este movimiento proceda de Sarkozy, un hombre que en ocasiones muestra simpatía, al menos, por el mercado. Pero dista de ser el único. Ningún gobierno quiere que se le haga responsable del derrumbe de viejas marcas históricas. Los grandes planes para salvar a la industria son atractivas de cara a la opinión pública.

Los esquemas para animar a los consumidores a adquirir coches nuevos ya están en marcha en Alemania al igual que en Francia. Los fabricantes de coches han estado negociando acuerdos especiales en Suecia, España, EEUU y Reino Unido. Pero el sector no merece ninguna subvención extraordinaria para aumentar la demanda de sus productos. Ninguna industria lo merece. La protección de cualquier sector no es incumbencia de los gobiernos.

La falta de demanda está causando problemas, así que por qué no hacer que ésta aumente mediante estímulos fiscales y monetarios, y dejar que sean los consumidores los que escojan qué quieren comprar. No se puede pedir a los contribuyentes que adquieran coches que no quieren conducir.

Financial Times, Expansion.com

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