La presidencia francesa se ha convertido prácticamente en un comité de crisis, pero el hiperactivo presidente Nicolas Sarkozy no tiene ningún plan de dejar pasar la ocasión para demostrar sus capacidades. La sacudida en el sistema financiero internacional le ha situado en una posición inmejorable para participar en la dirección del diseño de las nuevas reglas para las finanzas mundiales. Su empeño por celebrar la cumbre mundial antes de fin de año, no es tanto «porque si tenemos que esperar a que el nuevo presidente norteamericano tome posesión de su cargo ya estaríamos en primavera y eso es muy tarde», sino sobre todo porque a partir del 1 de enero la presidencia semestral estará en manos de la República Checa y no de Francia.
A Sarkozy también le puede beneficiar de rebote que la crisis haya afectado de esta manera tan particular a Irlanda y que en este país hayan asistido tan claramente a lo que ha sucedido en Islandia, donde las instituciones bancarias y la moneda se han hundido literalmente, por no contar con el respaldo de una divisa fuerte como el euro.
Si no tuviéramos el euro
El primer ministro irlandés, Brian Cowen, y el danés, Anders Fogh Rasmussen, han hablado claramente esta cumbre sobre ello, el primero diciendo que «no quiero ni pensar qué habría pasado si no hubiéramos tenido el euro», y el segundo aprovechando la situación para preparar el terreno del referéndum que ha propuesto para que su país abandone la corona y pase a la moneda única.
Naturalmente, el referéndum que más les interesa a todos es el que con toda probabilidad anunciará Irlanda en diciembre, en cuanto se hayan diseñado las fórmulas jurídicas de adaptación del Tratado de Lisboa para que los irlandeses puedan votar una segunda vez sin que parezca que se trata del mismo texto. Si hay algo que puede cambiar la tendencia hacia un nuevo «No» es, sin duda, la crisis financiera.
Europa en general puede salir muy reforzada, pero probablemente lejos de los patrones acostumbrados. En estos momentos, por ejemplo, el eje franco-alemán no es la base de la cohesión política comunitaria, sino esta nueva línea Londres-París, a la que Zapatero intenta asociarse. El británico Gordon Brown, que ha encontrado con esta crisis un bálsamo inesperado, cuando hasta hace unas semanas parecía condenado por las encuestas, es el que trata de atraer a Zapatero al núcleo duro de Europa, precisamente para añadir un toque de izquierdas al liberalismo de Sarkozy y que no puede encontrar en ninguno de los «grandes», ni en la alemana Merkel ni, menos aún, en el italiano Berlusconi.
El presidente francés tampoco es lo que se puede llamar un extremista liberal, sino todo lo contrario, y habla abiertamente de «refundar el capitalismo» en esta cumbre mundial, que será la guinda de una gira planetaria que le convierte en el dirigente del momento. Con George Bush exhausto políticamente hablando, Sarkozy estaba ayer en Canadá, este fin de semana se despedirá de Bush en Camp David y después partirá hacia China y en unas semanas tendrá que presidir la cumbre semestral con Rusia, de manera que cuando comience esta reunión que se prepara en Nueva York después de las elecciones norteamericanas de noviembre, será el único que habrá hablado con todos los actores y tenga una visión global.
El único que le sigue el ritmo a Sarkozy es el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, que, paradójicamente, también pertenece a la familia política liberal-conservadora (los líderes del Partido Popular Europeo se han pronunciado a favor de que repita mandato), pero que no tiene intención de resistirse al triunfalismo de la izquierda. Ya dijo en la cumbre que ni siquiera le gusta «hablar de capitalismo».
ABC.es

 

 

Cet article a été posté le Monday, 20 October, 2008 à 11:42 .
Catégories: crisis .

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